Última revisión: 01/Oct/2020
La hepatitis B corresponde a una infección del hígado, trasmisible, de distribución mundial, causada por el por el virus de la hepatitis B (VHB), siendo el reservorio únicamente humano. La sintomatología depende de la edad.
La hepatitis B se desarrolla de forma aguda y crónica, con posibles complicaciones muy importantes. La infección con el virus de la hepatitis B se presenta principalmente en adultos jóvenes; se transmite por contacto con fluidos biológicos, en forma vertical perinatal, con el uso de drogas de aplicación intravenosa; la utilización de instrumentos médicos de diagnóstico y tratamiento puede ser un factor de riesgo para la infección por el virus de la hepatitis B.
Se estima que hay 257 millones de personas con infección crónica por el virus de la hepatitis B (definidas como positivas al antígeno superficial del virus de la hepatitis B). En 2015, la hepatitis B ocasionó 887,000 muertes, la gran mayoría debido a sus complicaciones (incluida la cirrosis y el carcinoma hepatocelular).
Los millones de enfermos con hepatitis B en el mundo, los cuales tienen la posibilidad de desarrollar una de las complicaciones del padecimiento, por ejemplo, la cirrosis, dependiendo de que se establezca una enfermedad crónica; la otra complicación importante es el desarrollo de neoplasias, pues hasta el momento se ha podido determinar que el virus de la hepatitis B es el agente causal en el 80% de los casos de carcinoma hepatocelular. Por lo tanto, este virus es un agente oncogénico muy importante, únicamente superado en su capacidad oncogénica por el tabaco.
Una persona infectada se puede encontrar en diferentes fases:
Durante este periodo, el paciente es portador del virus, por lo que puede contagiar la infección y puede tener síntomas muy leves o estar completamente asintomático durante décadas. Se calcula que el 25% de los pacientes infectados durante la infancia y el 15% de los infectados en la edad adulta, mueren como consecuencia de cirrosis o cáncer de hígado.