Última revisión: 01/Oct/2020
La forma clínica más frecuente de presentación es la meningitis, seguida de la septicemia (infección en la sangre) o una combinación de las mismas. Se puede presentar con otras formas menos frecuentes entre las que se encuentran: neumonía, endocarditis, pericarditis, artritis, conjuntivitis, uretritis o faringitis.
El ser humano es el único portador de Neisseria meningitidis. El meningococo coloniza la mucosa de la nasofaringe y se trasmite de forma directa de persona a persona por secreciones de la vía respiratoria a través de un contacto estrecho y prolongado con enfermos o portadores asintomáticos.
La tasas de portadores asintomáticos puede situarse en alrededor del 10% de la población sana, siendo esta proporción mayor en adolescentes (hasta 25%); sin embargo, el riesgo de progresar a enfermedad invasora es pequeño.
En México en 2017 se reportaron 9 casos de meningitis meningocócica, mientras que en el 2018 (hasta la semana 28 de reporte epidemiológico) se han reportado 21 casos de dicha enfermedad.
La meningitis es la inflamación de las membranas que envuelven el cerebro y la médula espinal. La sepsis meningocócica o infección en la sangre es una forma más grave y con mayor posibilidad de producir la muerte en comparación con la meningitis.
Los signos y síntomas típicos de la meningitis y la sepsis meningocócica son: fiebre, dolor de cabeza intenso, rigidez de nuca, fotofobia (rechazo de la luz), estado confusional, aletargamiento, convulsiones, respiración agitada, manos o pies fríos, náuseas y vómitos. La sepsis se caracteriza por la presencia de fiebre y exantema petequial, a menudo asociada con hipotensión, choque y falla multiorgánica. Los síntomas descritos pueden aparecer en cualquier orden y algunos pueden no aparecer.
La enfermedad puede desarrollarse de forma muy rápida, puede causar la muerte en aproximadamente el 10% de los casos y entre el 10-20% de los casos se pueden producir secuelas tras el padecimiento (sordera, ceguera, problemas mentales, etc.).